Posteado por: ilianafigueroa | marzo 6, 2010

VALORES PARA LA CONVIVENCIA

Ninguna persona puede vivir aislada. Necesita de los otros para dar sus primeros pasos, abrigarse, obtener educación, salud, alimentación y sobre todas las cosas, amar. 

Convivir es eso, cohabitar con los otros, es algo que cada uno tiene que aprender desde que nace para que su vida y la de quienes lo rodean sea más agradable. 

Claro que vivir con los otros no es asunto sencillo. Significa estar entre seres que piensan y sienten distinto que uno. Seres que actúan según su propia naturaleza, creencias, costumbres y leyes. Pues bien, de eso se trata la convivencia. De aceptar la diversidad y a partir del diálogo y “el respeto del otro”, dar respuesta a las necesidades del conjunto.

Convivir es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, compartir, cooperar, respetarse, autocontrol, autorregulación y desarrollar destrezas para una adecuada comunicación.

Dentro de estos valores nos encontramos con el respeto por la vida como síntesis de todos, la libertad como una conquista diaria, el respeto por la dignidad humana y el reconocimiento del otro como presupuestos de la convivencia diaria.

 ¿Que es un valor?  Es aquello que da sentido a la vida por lo que vale la pena luchar; son pautas que ayudan al hombre a encontrarse a sí mismo a encontrarse con otros, a trascender más allá de su existencia natural. Los valores no son conocimientos o conceptos, no se enseñan, se transmiten a través del ejemplo y sobre todo a los niños que aprenden lo que viven. 

Los valores deben ser el resultado de opciones diarias y libres; son copiados de los padres y maestros,  de la sociedad, no deben ser impuestos a la fuerza, son ante todo una opción o sea que padres y maestros los proponen a sus hijos y alumnos como algo por lo que vale la pena optar y se desarrollan y perfeccionan en la vida diaria. 

Cada persona tiene interiorizado los valores que orientan su actuación, cada uno le da su contenido de acuerdo con sus vivencias.

Aprender a convivir exige cultivar las actitudes de apertura, el interés positivo por las diferencias y un respeto por la diversidad, pasando de las situaciones de conflicto a las de reconciliación y de consenso. Es así como la convivencia se estimula mediante la aceptación de la diversidad, el respeto y la tolerancia, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de sentir con el otro. Para ello han de ejercitarse las prácticas de diálogo como enriquecimiento mutuo y como solución de conflictos; el compromiso con el bien común, más allá de los intereses personales y el estímulo de actitudes de servicio y cooperación.

 La práctica de valores como el respeto por la vida y los derechos humanos,  la colaboración,  solidaridad, la fraternidad,  el bien común, la justicia, son los que contribuyen a nuestro bienestar como personas y como grupo.

Aprender a comunicarse, a no agredir, a decidir en grupo, a cuidarse y cuidar el entorno, a valorar el saber socia, es cultivar el arte de vivir. 

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